martes, 10 de febrero de 2009

Lo último para ser obvia.

Eran conocidos en las calles del barrio, conocidos en todos los bares y tabernas.
Él tan serio, tan alto, tan pálido y delgado, ella morena y frágil, tan graciosa y pequeña.
[...] Bebían y se amaban, o eso parecía, discutían a veces, a veces sonreían, se besaban y odiaban, pero nadie es perfecto, el amor es difícil y extraño en estos tiempos.

La noche debilita los corazones, noches de funeral, de vino y rosas.
Brindemos por el amor y sus fracasos, quizás podamos escoger nuestra derrota.
El sol limpia las calles, la memoria, feroces pasiones atenúa.
Invéntate el final de cada historia, que el amor es eterno mientras dura.

Él entró una noche en el bar de costumbre, iba vestido todo de riguroso luto,
venía borracho y solo, traía el gesto serio, y en las manos una corona de difuntos.
Ella le había dejado, nos explicó sereno, y había decidido considerarla muerta,
y brindar por su olvido y su descanso eterno, y celebrar su entierro de taberna en taberna.
Así que allá nos fuimos, y para qué contaros: vasos vinos y risas, alguna vomitona,
abrazos de amistad, eterna aquella noche.
Requiescat y brindemos por ella y su memoria.


La noche debilita los corazones, noches de funeral, de vino y rosas.
Brindemos por el amor y sus fracasos, quizás podamos escoger nuestra derrota.
El sol limpia las calles, la memoria, feroces pasiones atenúa.
Invéntate el final de cada historia, que el amor es eterno mientras dura.



Bueno si, los roles están invertidos en la versión original.

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